Ana B. de Haro
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Podría hablar de algo que se estila mucho en esta página: que este centro de salud simplemente no responde al teléfono jamás. Sin embargo, hablaré del trato vejatorio que el enfermero encargado del triaje el día 8 de marzo de 2024 sobre las 11h de la mañana me dio. Acudí por segunda vez en dos días porque mis síntomas aumentaron y, además, estaba preocupada por una cuestión en concreto que no voy a hacer pública. Nada más comprobar que ya había estado allí el día anterior, cuando también me atendió él con desgana, desidia y malos modos, no me permite hablar y empieza a reproducir el discurso de la sanidad saturada. Me acusó tres veces (sí, las conté) de ir allí a saturar la sanidad pública como si esto no fuese culpa de la gestión y no de los pacientes, que carecemos de conocimientos médicos por lo general y esperamos que los profesionales sanitarios nos ayuden a resolver nuestras dudas en lugar de acusarnos de cosas absurdas o maltratarnos verbalmente. No quería que mi médico me viera y, en su lugar, intentó llamarlo para comprobar que, efectivamente, él no querría verme. Mi médico no le cogía el teléfono y decide, por fin, revisarme: durante esta revisión tiene lugar la segunda acusación de colapsar la sanidad; parece ser que yo, en mi día de baja laboral, necesito acudir fervorosamente al centro de salud en lugar de quedarme reposando en cama. Teclea algo en el ordenador mientras se aguanta la risa con cada mínima intervención mía, aporreando el teclado y el ratón del ordenador contra la mesa. Me reprocha alzando la voz que abra bien la boca y saque bien la lengua para examinarme la garganta, porque parece ser que esto tampoco lo hago a su gusto. Después, se va a buscar a mi médico abriendo la puerta con tal ímpetu que casi me golpea a mí, que estaba sentada detrás de la puerta. Me ordena esperar fuera y, después de unos minutos, regresa bastante, bastante furioso porque mi médico sí que quiso verme personalmente, y me grita un amable "venga, súbete a la (consulta) 207", cerrando la puerta de la consulta con muchísima fuerza y, de este modo, causando que su furioso portazo lo escuchase todo el centro de salud y retumbase la pared. Un trato inhumano, desmesurado e infundado ya que yo en ningún momento le hable de forma inapropiada: lo que es más, yo estaba prácticamente afónica y este sanitario se aprovechó de mi indefensión causadas por mi malestar general, mis mareos y mi afonía para tratarme de una forma terrible y violenta sin posibilidad de defensa por mi parte, porque encontró en mí una persona y momento idóneos en los que volcar sus frustraciones. Una queja formal ha sido interpuesta y espero que haya una reacción de quien corresponda.